Archive for the ‘Autor’ Category

2M JW34 Dale

Lunes, Enero 21st, 2008

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Yo no sé si los lectores han tenido la grata oportunidad de treparse a una combi en Lima.  Es una aventura sin igual, no recomendable para cardíacos, hipertensos, etc. En este viaje cualquiera sube y baja. Con el cásico ‘En la esquina bajo’ todo para. Sin embargo, lo que más me llama la atención es ver a cierta distancia a los dateadores.

Cada diez cuadras la combi para en una esquina,  el cobrador  saca diez céntimos y los coloca sobre la mano de un dateador. Éste le dice un  código tan indescifrable como el código matrix. ¿qué sisgnificará eso? Me imagino que será la distancia y cuántas combis vienen y van después.

Como van las cosas tendré que aprender el código. Ya me verán en una esquina estirando mi cuaderno y recibiendo diez céntimos por decirles 2M JW34 Dale

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Capitalizándome

Jueves, Enero 17th, 2008

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Hoy por la mañana arribé a la ciudad de Lima. Después de tanto tiempo por fin llegué. Me esperaba un día agitado por unas entrevistas. Sin embargo, todo se canceló. El viaje se hizo pesado a pesar de estar cómodo. Me puse a pensar. Escuché música por un ratito. El tiempo pasó y cuando me di cuenta, eran las tres de la mañana. Como sea traté de dormir.

A la llegada el tráfico me esperaba con los brazos abiertos. Lo abracé. Conviviré con él y demás vicios por mucho tiempo (eso espero).Al llegar a casa todo estaba como de costumbre. Me entretuve un rato leyendo algunos comentarios de los post anteriores. Más tarde salí a caminar y pensar en esta nueva etapa.

La tarde me hizo recordar Piura. Un calor terrible y la molicie se hicieron eternas. Ni el agua podía parar esa sensación. Entonces, sólo entonces, me di cuenta que estaba soñando. Un monstruo me había tragado.

Meditaciones

Miércoles, Enero 16th, 2008

 

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Son las doce. Ya es 16 de enero. He abierto mi armario, desempolvado mi discman y sacado un disco de bossa nova. Escucho la primera: Garota de Ipanema y me voy a otro mundo. Saben no sé por qué ha esta edad se me ha dado por escuchar música sin canto. Nada de voces ni de letras. Así me ahorraré roches. Ya no tarareé. Jamás me aprenderé una canción. Eso lo dudo. Pero por el momento disfruto de ese placer. Disfruto la soledad de la noche. Faltan pocas horas. Hoy vi a mi madre triste. La noté con los ojos rojos. Me dice que está cansada. Se va a dormir pero a mí no me engaña. Ha llorado.

Me da mucha pena dejarla. ¿Cuándo la volveré a ver? Me manda comida para unos días. Para que siga con ella. Para que nunca la olvide.

Que feo es ser madre ahorita. Las despedidas son terribles. Por eso siempre digo que el amor duele. Pero es un dolor grato. Satisfactorio. Sin embargo, duele mucho.

Más tarde empezaré a empacar. Hace dos semanas me tocó desempacar y ordenar todas mis cosas. Hoy guardo. Pero no todo. Dejo a mamá, recuerdos, libros, ropa, cd’s, etc. Sólo llevo lo necesario. La cabeza me da vueltas. No sé que haré en Lima. Quisiera volver a la universidad y pensar en mis vacaciones.

Es tarde para eso. Me llega un mensaje. Y sigo aquí, esperando a que la hora pase y, aunque sea por un segundo, me de el guión de mi vida. Se vale improvisar.

Hasta la última gota

Martes, Enero 15th, 2008

 

A tener en cuenta: Hace años quería entrevistar a un personaje. Hoy lo hice.

El cruce de las Avenidas Bolognesi con Juan Cuglievan gran parte del año pasa desapercibido. Sin embargo, cuando llega el verano es imposible no ver vasos repletos de hielo y jarabe. “Pa la calor, Señor”. Así es. Con ustedes su majestad Miguelito, experto en el arte de refrigeración y un poco de empuje. O como criollamente se conoce a la raspadilla.

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A penas se levanta Miguel Rodríguez Chiroque, 30 años, ve a su hija. Desayuna con su esposa y parte a comprar hielo. Cuando tiene todo listo, empuja su carrito raspadillero hasta la esquina conocida. Jamás se perderá, pues este oficio lo ejerce desde los quince años. No necesita carta de presentación. Ni un local bien pintado. Para él, lo que importa es saciar la sed y el calor que los clientes sienten.

Cada día vende, aproximadamente, ciento cincuenta vasos. Imagínese una pelea con Miguel. De un derechazo le rompe la cabeza a cualquiera. “Ingeniero, dos de tamarindo con fresa”, ordena un apurado motociclista. Yo me pido una de imperial (mezcla de tres sabores: vainilla, fresa y leche Nestlé) con lúcuma y me siento en su banca. Veo a la gente llegar y la entrevista cada vez se hace interminable. La gente empieza a pelear por el orden y no hay cuando pare. Raspa, raspa y no se cansa. Voltea el hielo, limpia su carro, destapa las botellas y pregunta por los sabores: “¿Haber de qué va a querer señora?”.

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Su mirada denota cansancio, monotonía. Todo el día se pasa cepillando hielo. A las dos de la tarde, hora en que la clientela baja un poco, se sienta, abre un taper y toma una sopa tan fría como el hielo. Se moja las manos y continúa. Jamás para hasta que llegan las seis de la tarde o el hielo, derretido por el sol, lo fuerza a marcharse.

“Mi abuela empezó con todo este negocio. Cuando mi madre era joven aprendió y ella me pasó la receta de los jarabes. Mi madre lleva cuarenta y ocho años en esto. Yo quiero que mi hijo siga. Ya es como una tradición. Ahorita me ayuda un sobrino”, me cuenta Miguel con entusiasmo. El serenazgo pasa y no dice nada. Hace unos años lo levantaron y llevaron su carrito al depósito. Ahora tienen un familiar en la municipalidad. Todo está arreglado.

 

Gracias

Lunes, Enero 14th, 2008

Tengo que decirles: “Gracias por su apoyo, comentarios, visitas y demás”. Desde una banca llegó a las mil visitas. Eso es por ustedes. Ahora la banca se traslada a Lima.

Todas en una

Lunes, Enero 14th, 2008

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Todos los días quisiera besar a una mujer diferente y que siga siendo la misma:

Con la que viví la más alucinante de las aventuras.

Con la que sufrí y aprendí a enamorar.

Con la que, a causa de mis errores, aprendí a llorar y a pedir perdón.

Con la que me arrocha cada vez que me equivoco.

Con la que me cela muy poco.

Con la que baila y me baila.

Con la que piensa mucho en el presente.

Con la que sueña con fantasmas.

Con la que me habla en inglés cuando hay gente en su casa.

Con la que me contesta el celular y me dice “Amorrr”

Con la que pude romper esquemas.

Con la que aprendí a dar vueltas.

Con la que estudiar se hizo más fácil.

Con la que recibí peluches, cuadros, detalles, etc.

Con la que escuchaba, escuchaba y escuchaba la misma canción.

Con la que puse nombre a mi cuerpo.

Con la que me sentí celoso y reventé.

Con la que me caí y después de tiempo me sonrió.

Con la que guardo cartas y tarjetas.

Con la que me comunico a cada hora.

Con la que es todo y nada.

Con la que el amor duele.

Con la que recuerdo Amelie.

Con la que aprendí a escuchar trova y me hice un maldito romántico.

Con la que, a causa de sus besos, llevaba tarde a casa.

Con la que aprendí a oler el cuello.

Con la que me dolía el pelo.

Con la que pensaba en ternura, dulzura y tentación.

Con la que, a pesar de no ver un buen tiempo, la siento tan cerca, tan mía.

Con la que, a pesar de ser diferente, es igual a mí.